domingo, 13 de noviembre de 2011

El trompetista

Sorprendente me resulta que casi nadie conozca una película que he visto recientemente. Sonrojo me produce cuando “googleando” doy con diversas páginas que al hablar de la filmoteca parcial de su director, ni siquiera la mencionen. Y finalmente, las manos se me van a la cabeza cuando muchos expertos en Jazz, no sólo no la han visto, sino que desconocen su existencia.

Me refiero a El trompetista (Young man with a horn) de 1950, dirigida por Michael Curtiz, el director entre otras de Casablanca o Robin Hood (la buena, la de Errol Flynn) y basada en una novela de Dorothy Baker.

La película está protagonizada por Kirk Douglas, el cual se prepara a fondo para interpretar a un chico que de forma autodidacta aprende primeramente y primariamente piano para después comprarse una trompeta, aprender a manejarla, dominarla y finamente hacer de ella su tercer brazo. Enamorado de este instrumento y del jazz, tiene que ganarse la vida tocando en varias orquestas a disgusto, pues no le dejaban improvisar teniendo que ceñirse a lo que la partitura le exigía. Amigos fieles, una pérfida mujer, alcohol y autodestrucción son los ingredientes de El trompetista.   

¿Qué más decir de esta película? Pues que aparte de Douglas, que está excelente (como últimamente voy descubriendo cada vez que veo una peli suya), aparecen Lauren Bacall y Doris Day. Una de ellas es la “pérfida mujer” y la otra canta ocho o nueve temas. Creo que no hace falta que diga quien es quien. Desde el punto de vista cinematográfico… genial. Blanco y negro, luz y sombra, encuadres desde abajo a arriba, mucho humo, bares y barman, y música, mucha música y el sonido único de la trompeta y el piano, de las orquestas, del swing… en fin… una película de jazz. Es más, quizás sea la primera aproximación seria de Hollywood a este sonido.  

Pero independientemente de que me guste este film, el cual recomiendo a todo el mundo, guste o no el jazz y las películas clásicas, lo que realmente me deja perplejo es el amor del protagonista a su instrumento. Éste es un amor enfermizo y tan insano que sólo lo puede romper una enfermedad autodestructiva como es el alcoholismo. Esta relación tiene dos polos opuestos. El negativo… muerte a los 28 (¡¡28!!) años. El positivo… los geniales discos que dejó y la satisfacción para quienes tuvieron el placer de escucharlo en su día. Aún no lo he comentado, pero El trompetista recrea la vida de Bix Beiderbecke (1903-1931), el Armstrong blanco. Hombre de temperamento, que nació para interpretar jazz y, tristemente, pionero en muerte joven provocada por los excesos.

En fin. Aplaudo todo. La película, el director, los actores (como me recuerda aquí Douglas a De Niro cuando era joven), los discos que oigo de Beiderbecke (estos nunca morirán) y su trompeta. Que trompeta.

P.D.: Kirk Douglas, aunque lo borda, no toca la trompeta. Lo hace Harry James.
P.D.(II): Esto es sólo para los aficionados al jazz. Pero para los muy, muy aficionados. El que relata la historia y acompaña al protagonista tocando el piano durante todo el tiempo es Hoagy Carmichael (Smoke), quien se interpreta a si mismo. El amigo inseparable de Bix.